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Marzo del 2019


La puñalada de Lenin Moreno a la integración sudamericana

La puñalada de Lenin Moreno a la integración sudamericana

 

 

El gobierno de Lenin Moreno, uno de los cómplices más activos de las estrategias de Estados Unidos para aniquilar los organismos de integración latinoamericana y caribeña, convirtió a Ecuador en el segundo país que oficializa la decisión de suspender su participación en la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

 

Moreno denunció el Tratado Constitutivo de Unasur y así Ecuador se retiró del acuerdo de integración sudamericano, uniéndose al presidente colombiano Iván Duque, que el 27 de agosto de 2018 informó una decisión similar.

 

Una vez oficializada la separación, la sede de Unasur, que se encuentra en Quito (en la Mitad del Mundo), y cuyo inmueble fue donado por el gobierno ecuatoriano volverá a las manos del Estado, dejando sin edifico al organismo. En julio de 2018, Lenin Moreno anunció sus planes para el edificio, donde espera crear una universidad intercultural. También se retirará la estatua en honor al expresidente argentino Néstor Kirchner, en la entrada del complejo.

 

La escritura de donación del predio data del 15 de diciembre del 2016 y en una de sus cláusulas se estipula la devolución del inmueble cuando Ecuador denuncie el Tratado Constitutivo o abandone el grupo.

 

“Ecuador dejará de participar en todas las actividades y compromisos del organismo e iniciar los procedimientos internos para la denuncia del tratado”, expresó el ministro de Relaciones Exteriores y Movilidad Humana de Ecuador, José Valencia, a su contraparte boliviana, Diego Pary, cuyo país está a cargo de la Secretaría Pro Témpore.

 

El 11 de marzo, cuando se cumplieron ocho años desde que el tratado entró en vigencia, el canciller José Valencia envió un oficio a su par de Bolivia, Diego Pari, quien ejerce la presidencia pro témpore de Unasur, donde le comunicó la decisión de Ecuador de “dejar de participar en todas las actividades y compromisos de Unasur, e iniciar los procedimientos internos para denunciar el Tratado”.

 

Igual decisión había tomado Colombia el 10 de agosto del año pasado, con el argumento de que ese organismo se había convertido en “una caja de resonancia de Venezuela”.

 

De esta manera, el gobierno de Lenín Moreno se convierte en el segundo que oficializa su retiro, uniéndose al presidente colombiano Iván Duque, que el 27 de agosto de 2018 informó una decisión similar. Desde abril de 2018, Argentina, Brasil, Chile, Paraguay y Perú suspendieron su participación, dejando a Venezuela, Bolivia, Guyana, Surinam y Uruguay como miembros activos.

 

La decisión se realiza seis meses después de que el mismo canciller descartó públicamente que su país abandonaría el organismo durante una rueda de prensa donde, a su vez, anunció el retiro de la Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América-Tratado de Comercio de los Pueblos (ALBA-TCP). Pero, según los analistas, el auxilio financiero solicitado al Fondo Monetario Internacional (FMI) llegó condicionado al desmantelamiento de la integración regional,

 

Para el ex presidente ecuatoriano Rafael Correa, con este acto “firman la sentencia de muerte del organismo”, en momentos que los presidentes de Chile y Colombia, Sebastián Piñera e Iván Duque propusieron la creación de un nuevo bloque denominado Prosur, que hasta ahora no recibió mayores adherentes.

 

Piñera criticó que el 'exceso' de ideología llevó al 'fracaso' de Unasur y su propuesta alienta a un Prosur que siga los mandatos “¿desideologizados?” de Washington, que ha perdido influencia, incluso en la Organización de Estados Americanos (OEA), obligando a los gobiernos cómplices con sus políticas injerencistas a crear el Grupo de Lima, antesala del proyecto de Prosur.

 

Las circunstancias políticas operadas en la región no admiten la existencia de un organismo integrista sudamericano en el cual EU no tenga injerencia. Ante la ausencia total de una institucionalidad que permita una mínima coordinación a los gobiernos de derecha implantados en la región ha surgido la iniciativa de sustituir a la Unasur por un nuevo organismo denominado Prosur que no auspiciará ni promoverá la profundización de la integración regional.

 

Su objetivo, según palabras de los presidentes Iván Duque y Sebastián Piñera: “será un organismo de coordinación suramericana en defensa de la democracia, la separación de poderes y la economía de mercado. Prosur será un foro para el desarrollo de América del Sur, libre de ideologías y sin burocracia”. Duque fue más allá con su propuesta: no solo buscará la defensa de la democracia en la región sino que también buscará “que termine la dictadura de Venezuela y llegue a su final Unasur y para que también se construya un mejor escenario de cooperación con los países de la región”. 

 

De todas formas, el retiro de Ecuador no será inmediato ya que el artículo 24 del Tratado Constitutivo de Unasur, señala que la denuncia surtirá efectos una vez transcurrido el plazo de seis meses desde la fecha en que la notificación haya sido recibida por el Depositario. A su vez, la Constitución ecuatoriana del 2008 señala que las denuncias a tratados internacionales deben pasar obligatoriamente por la Asamblea Nacional, paso que Moreno quiere obviar.

 

Las condiciones para que la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur) pueda volver a trabajar por la integración latinoamericana ya no existen: esa fue la explicación que dio Lenin Moreno, en su sorpresivo anuncio. Lo que dinamitó al proyecto fue la falta de acuerdos entre sus integrantes para designar a un nuevo Secretario General, en lugar del expresidente colombiano Ernesto Samper, quien terminó su gestión a principios del 2017.

 

Moreno, en su mensaje al país, comentó que por “varios medios” diplomáticos se buscó solucionar esta situación, pero no hubo resultados. A su juicio, el problema es que “Unasur se transformó en una plataforma política que destruyó el sueño de integración que nos vendieron”, en medio de una perorata antivenezolana.

 

“Algunos mandatarios irresponsables se encapricharon por nombrar a sus amigos a esa secretaría, nuevamente replicando los peores vicios del socialismo del XXI. Por eso, en la práctica, las puertas de la organización se han cerrado”, enfatizó el Presidente.

 

No se puede emitir una opinión sobre el futuro del Prosur. Brasil, pese a tener coincidencias ideológicas con quienes auspician esta reunión, mira con cierta reticencia esta iniciativa, ya que si el objetivo de la propuesta es cambiar un organismo por otro, basados en criterios de orden ideológico, parecería que la propuesta debería ser considerada como menor y errada.

 

Lo que queda en claro es que la apuesta de Colombia, Chile y Ecuador es destruir a cualquier organismo de cooperación, de coordinación política o integración regional que sea autónomo de los mandatos de Washington.

 

Eloy Osvaldo Proaño

 

Analista e investigador ecuatoriano, asociado al Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico (CLAE, www.estrategia.la)

 

Por michaelrogelio - 15 de Marzo, 2019, 5:09, Categoría: General
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Zurdos más que diestros

Zurdos más que diestros

El capitalismo no es eterno, ni tampoco lo sucedido en América Latina es un ciclo que pasa. Las condiciones para nuevas revoluciones siguen estando allí, pero eso hay que demostrarlo. Recomenzar y reconstruir proyectos creativos resulta esencial

Autor: Jorge Enrique Jerez Belisario | internet@granma.cu

14 de marzo de 2019 22:03:33

El capitalismo no es eterno; las condiciones para nuevas revoluciones siguen estando allí. Foto: Resumen Latinoamericano

¿Terminó el ciclo progresista en América? ¿Es un ciclo? ¿Por qué algunos se atreven a proclamar hemisferios libres de todo aquello que huela a socialismo?

¿Se trata de una nueva versión del tan difundido «fin de la historia», ahora con otros protagonistas? Es cierto que los gobiernos progresistas del continente no viven sus mejores años, los golpes recibidos en los últimos procesos electorales ocupan a analistas y teóricos de ambos bandos.

Con la llegada del nuevo siglo, nuestros pueblos, cansados del neoliberalismo y de los abusos de los poderes económicos internacionales, comenzaron a votar por gobiernos con programas populares. Antes se tenía la experiencia de Allende en Chile, sin embargo, la mayoría asegura que la luz de cambio en América la encendió Cuba hace 60 años.

LA DÉCADA GANADA

La bonanza petrolera –el barril a más de 100 USD– y los altos precios de las materias primas permitieron desarrollar ambiciosos proyectos de redistribución de las riquezas. Varios gobiernos redujeron la pobreza, la desigualdad, lucharon contra el analfabetismo, elevaron los niveles de salud, pero se quedaron allí.

Si no se transforman las estructuras de la sociedad, si se coquetea o se pacta con la derecha para llegar al poder, es prácticamente imposible trascender.

La mayoría de las constituciones de América Latina resultan pactos con las cúpulas militares o con la derecha, por eso resulta vital para la supervivencia de esos procesos convocar a constituyentes que modifiquen el marco legal.

Tan trascendental es que muchos de los movimientos progresistas que no lo hicieron ya no están en el poder, cayeron en la trampa.

Con el paso del tiempo, la izquierda en algunos países no ha sabido administrar el éxito ni consolidarlo. Apostar solo a la satisfacción de necesidades, sin crear basamentos ideológicos sólidos, llegado un momento deja de funcionar, porque las necesidades son crecientes y la capacidad económica de los Estados no crece de un día para otro.

No podemos seguir construyendo consumidores ni reafirmando capitalistas, eso se paga y ya se ha pagado caro. Ha faltado una estrategia de educación política del pueblo y su consecuente organización y movilización. Los pueblos pasan factura si no se les alfabetiza políticamente. Estamos obligados a crear proyectos políticos de largo plazo.

El distanciamiento con las bases populares es causa también del retroceso. Una vez conquistado el poder tienden a olvidarse de las promesas de cambio.

¿Cuál es la diferencia con la derecha entonces? Esa pérdida de contacto con las masas crea un vacío que ocupan fuerzas de derecha populistas que «se pintan solas» como la alternativa.

No es un fenómeno de América, sino global. La historia demuestra que no se puede abandonar la lucha en las calles, de allí salieron todos esos movimientos y una vez en el poder han dejado de hacer política en las calles. Se trata de un desafío en el campo simbólico que sigue estando allí.

Los tiempos cambiaron, ya la política no se hace como en los 60 o los 70. Nuestros pueblos no quieren saber de los establishment, y en ese sentido utilizar las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) pudiera ser una excelente vía para romper esquemas.

Hasta el Papa habla de los influencer. La derecha se adaptó a ese escenario: Bolsonaro ganó en Brasil apoyado por los youtubers y las fake news difundidas por WhatsApp.

Macri dio clases de mercadotecnia en la campaña contra Scioli, robándose términos tradicionalmente utilizados por sus rivales. Su campaña digital fue uno de los secretos que lo llevó a la Casa Rosada.

Ante tanta ciencia no es posible seguir dando respuestas artesanales. Estamos luchando contra la industria del entretenimiento que tiene un presupuesto mayor que el propio Complejo Militar Industrial norteamericano.

En tal sentido, el mexicano Fernando Buen Abad ha reiterado su llamado a crear semánticas e imaginarios distintos a los del inicio de este siglo, porque estos ya no funcionan. A los pobres que esos gobiernos progresistas sacaron de la pobreza no les funciona el discurso de combatirla, porque ellos ya no lo son y se quedan esperando nuevas propuestas.

La pregunta es cómo continuamos la batalla. No hay más respuestas, debemos reconstruir la imagen de las izquierdas –izquierdas, porque hay que respetar ante todo su pluralidad– y reconfigurarlas más allá de un programa político.

El capitalismo no es eterno, ni tampoco lo sucedido en América Latina es un ciclo que pasa. Las condiciones para nuevas revoluciones siguen estando allí, pero eso hay que demostrarlo. Recomenzar y reconstruir proyectos creativos resulta esencial.

Los cubanos hemos sido un ejemplo de que con un pueblo consciente y preparado sí es posible transformar un país, aun en las condiciones actuales. Como una muestra les dejo nuestro Sí rotundo a la nueva Constitución. Sin dudas, queremos seguir jugando a lo perdido, sabemos que no ha pasado de moda la locura, y queremos seguir siendo zurdos más que diestros.

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Por michaelrogelio - 15 de Marzo, 2019, 5:07, Categoría: General
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La decadencia de Estados Unidos (parte II)

La decadencia de Estados Unidos (parte II)

Estados Unidos, con su presidente outsider es una potencia a la deriva, como no lo estuvo jamás su predecesor en la historia, el imperio británico, cuya clase política a regañadientes supo reconocer el fin de su papel hegemónico mundial

Autor: Mauricio Escuela | internet@granma.cu

14 de marzo de 2019 22:03:16

Trump está obsesionado con China, le preocupa la hegemonía política y militar del gigante asiático en el Pacífico. Quien gobierne la gran isla mundial, Eurasia, lo hará con el mundo, eso lo sabían las clases gobernantes de las principales potencias en el pasado, en especial de Alemania, atareada en la adquisición de ese «espacio vital».

Hoy China, el poder económico, y Rusia, el poder militar, han equilibrado la balanza posterior a la guerra fría, eso enfurece al hombre blanco, aún encerrado en su discurso racial, un ser de clase media cada vez más pobre al que se le engañó con el sueño americano. Dicho votante, en extremo ignorante y peligroso, hará lo que sea para recobrar la mitología que le da sentido.

Parafraseando al socialdemócrata alemán Kurt Schumacher, quien en 1932 dijera que el nazismo era un llamado al «cerdo interno del hombre», hoy Trump representa algo similar, lo cual aleja a Estados Unidos de sus tradicionales aliados.

En tal sentido, pudiéramos con Immanuel Wallestein, decir que la masa furiosa del blanco norteamericano se parece mucho al pueblo romano
frustrado bajo la égida de Nerón, al cual se le azuza contra cualquier enemigo fantasmal creado had hoc. Incluso las guerras libradas por el imperio en el hemisferio y fuera de este, califican como lo que los historiadores de la decadencia llaman «micromilitarismo», una vertiente del uso de la fuerza que tiende solo a mostrar músculo, sin otra función, ya que ello funciona como un mecanismo compensatorio de la decadencia de la potencia en cuestión.

LA CEGUERA DE LA CLASE POLÍTICA

La lucha contra el terrorismo, el enemigo más infinito e invencible que pudieron buscarse las empresas del complejo militar industrial, ha agotado los fondos de un caudal que es cada vez más artificioso y dependiente del entramado de las economías mundiales. Estudios serios abundan sobre la caída del peso de Estados Unidos en su aporte al PIB mundial, en beneficio de las nuevas potencias en ascenso.

Dicha realidad económica y política apunta a un mundo cada vez más multirregulado, que requiere de una actualización del sistema de Naciones Unidas, salido del Encuentro de Yalta entre las grandes potencias vencedoras
de la Segunda Guerra Mundial. En esa verdad geopolítica, el peso de Occidente tiende a ser menor, a la vez que se fortalece el papel de Oriente, región que generaría una dinámica distinta del financismo neoliberal en los diferentes escenarios de África y América.

La ceguera de la clase política estadounidense le impide actuar con objetividad, llegándose incluso a la falacia de que «no hay nada más allá de la Pax Americana». En ese nuevo fin de la historia, los norteamericanos estarían dispuestos a aplicar hasta el límite su doctrina de la seguridad nacional, saliéndose de tratados de desarme, aislándose de la arena diplomática para llevar más los conflictos al terreno bélico confrontacional.

La retirada de un Afganistán sumido en una guerra civil, así como el pobre desempeño en Siria, frente a la firme posición de Rusia que venció al Estado Islámico, son pruebas claras de que el aferramiento a la doctrina de la seguridad nacional a toda costa, no trajo ni resultados geoestratégicos ni económicos.

Estados Unidos, con su presidente outsider es una potencia a la deriva, como no lo estuvo jamás su predecesor en la historia, el imperio británico, cuya clase política a regañadientes supo reconocer el fin de su papel hegemónico mundial.

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Por michaelrogelio - 15 de Marzo, 2019, 5:04, Categoría: General
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