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POBREZA Y CORAVID

POBREZA Y CORAVID

Con el desarrollo del coronavirus, nuevos datos han emergido sobre la pobreza y la desigualdad; organismos e instituciones ofrecen diferentes números sobre el tema, pero coinciden en que resultan preocupantes.  El  Banco Mun­dial señala que más de 700 millones de personas viven en extrema miseria,   que representan más del 10% de la población, informes  de Naciones Unidas suscriben que uno de cada cinco habitantes del mundo vive en situación de penuria, no tienen acceso a saneamiento, agua potable, electricidad, educación básica o de salud, además de soportar carencias  incompatibles con una vida digna,  7 de cada 10 que mueren de hambre son féminas.

 

La economía global no ha crecido por encima del 2% anual desde la crisis de 1998 y en algunas regiones ha decrecido o el incremento ha sido tan bajo que no garantiza el desarrollo; 17 mil niños mueren cada día de enfermedades curables, mientras que los gastos militares anuales ascienden a más de 1,7 millones de millones de dólares.   cada cinco segundos un menor de diez años murió de hambre o de sus secuelas inmediatas, de los 70 millones de muertes anuales, 14,8 millones se producen por conflictos vinculados a carencias alimenticias.  

 

La pobreza está íntimamente ligada al hambre y la malnutrición, de ésta última más de 820 millones de vidas la sufren, particularmente en África y América del Sur, donde nuevos datos indican que la grave inseguridad alimentaria están en aumento.  No hay que confundir hambre y desnutrición; puede satisfacerse el deseo de comer, pero que no aporte los requerimientos alimenticios necesarios y eso origina en muchos casos la muerte o enfermedades graves y mentales y hoy se sabe que la humanidad por lo general está desnutrida y carece de micronutrientes clave, afecta a 155 millones de niños menores de cinco años y de ellos 122 millones con retraso del crecimiento viven en lugares en conflicto, produce anemia en las mujeres en edad reproductiva o sobrepeso en las adultas y los progresos respecto a las metas evolucionan con lentitud. 

 

En Latinoamérica los niveles muestran una leve tendencia al alza, por el escaso crecimiento, mayor presión inflacionaria y disminución de la capacidad para generar y formalizar empleos; según un estudio de CEPAL vive en indigencia un 2%, 22% en pobreza y 17% en vulnerabilidad y el porcentaje se incrementa entre indígenas, afrodescendientes, discapacitados, adultos mayores, mujeres y niños.

Se trata también de desigualdades; en el planeta funciona un 'orden mundial caníbal'. Las 500 mayores empresas transcontinentales privadas controlaron el 52,9% de todas las riquezas producidas, el 20% de los individuos del planeta está excluido de la gran explosión de consumo, una quinta parte de los países de mayor ingreso cubre el 68% del total de los gastos en el consumo, mientras que igual proporción de los más pobres lo hace sólo en un insignificante 1,3%.

Un informe de la OXFAM analiza las diferencias y plantea que los gobiernos pueden y deben construir una economía humana y que beneficie al 99%, no solo al 1%; también expone que el 82% de la riqueza mundial quedó en manos del 1% más rico, el 50% vive en penuria y no percibió ninguna mejora en sus finanzas, así como que en América Latina y el Caribe el 10% más rico acapara el 68% de la riqueza total y las fortunas de los milmillonarios se incrementaron en 155 mil millones de dólares, lo que sería suficiente para acabar casi dos veces con el hambre y la mala nutrición en la zona; la tierra se encuentra cada vez más concentrada y sometida a un modelo de extracción y explotación de los recursos naturales que ha acentuado la desigualdad.

 

La Organización Internacional del Trabajo publicó que en las naciones emergentes y en desarrollo hay al menos 159 millones de desempleados y otros 730 millones que no poseen un trabajo oficial.  Otros revelan que, en zonas urbanas, muchos viven en condiciones de hacinamiento masivo, violencia y marginalidad; no tienen acceso a servicios básicos; en las áreas rurales más de la mitad de la población los carece, lo que eleva los riesgos de muerte por diarrea, cólera, fiebre tifoidea y otras enfermedades transmisibles.

La ruptura de la cadena productiva a escala mundial y el consiguiente perjuicio al comercio internacional y la supresión del turismo, disminuirán los PIB, se incrementan los gastos ineludibles de salubridad pública que distorsionarán los presupuestos; puede  acarrear disminuciones de 15% o más en los  avanzados y principales de los mercados emergentes y en un 25%  en  los medianos  y  mientras más tiempo se mantengan las limitaciones a la circulación mercantil y de individuos, mayor será la afectación, entrando en una profunda e inevitable recesión que hace más difícil volver a la “normalidad”. 

La pandemia podría empujar a la extrema pobreza a 60-80 millones de personas, 49 millones de ellas sólo en 2020, de acuerdo con un reporte conjunto de 36 organizaciones internacionales lanzado por el Comité para la Coordinación de Actividades Estadísticas. Asimismo, el comercio mundial cayó 3% en el primer trimestre del año, y se espera una baja de 27% en el lapso siguiente, en el que influye el precio de los productos básicos, registrando contracciones sucesivas de 1.2%, 8.5% y 20.4% en los tres primeros meses de 2020 y en el turismo una contracción de entre 60% y 80%.

 

De tal modo, y según los estimados más recientes del FMI, los pronósticos de la evolución mundial en este año llevarán globalmente a una   caída del 3% en el PIB, con significativos impactos en Estados Unidos (-5.9%), la Unión Europea (-7%), Japón (-5.2%) y Rusia (-5.5%) y un crecimiento de 1.2% en China y 1.9% en la India, entre los más grandes. En el caso de América Latina y el Caribe, se pronostica una caída de -5.2%, similar al -5.3% previsto por la CEPAL.

 

Entre las consecuencias macroeconómicas más importantes identificadas hasta el momento, se aprecian en los pronósticos de caída de la inversión extranjera directa (30-40%); la reducción del comercio mundial (12.9-31.9%), la disminución de hasta 30% del turismo, a lo que se añade un posible descenso del 19.7% en las remesas enviadas a los de ingresos bajos y medios.

 

Ell Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD)  alertó que   la  plaga de COVID-19 podría ser más grave aún que la crisis financiera de  2007-2009, los retrocesos en aspectos fundamentales del desarrollo humano se están dando ya en la mayoría de todas las regiones, por ejemplo, el cierre de escuelas indican llevará a la desescolarización global a niveles desconocidos desde la década de 1980.   Las previsiones apuntan a que la caída del desarrollo humano será mucho mayor en los países en desarrollo, que cuentan con menos medios para gestionar los efectos.

 

Los ministros de Salud de las principales economías reconocieron las debilidades de la comunidad en la prevención y frente a este tipo de situaciones, subrayando la necesidad de mejorar la eficacia de los procedimientos. 

 

La epidemia va a proseguir su marcha y empieza a tener dimensiones extraordinarias. Lo que está ocurriendo supone un freno y demuestra la globalización del mundo, se han estremecido los mercados por los efectos en dominó y su desenlace es muy alarmante.

 

Nunca se podrá alcanzar la equidad y la justicia basada en dinero y controlada por banqueros y los bancos centrales pueden imprimir miles de dólares para ellos y solo uno para el ciudadano, saltándose todas las leyes que les parezcan oportunas.  La pandemia es una tentación que invita a la represión, a la vigilancia totalitaria, a la regresión nacionalista y es instrumentalizada para justificar las ambiciones autoritarias.

 

El secretario general de la ONU, Antonio Guterres, advirtió que se "está convirtiendo en una crisis de derechos humanos”; existe discriminación en la prestación de servicios públicos ante las desigualdades estructurales, aumento del discurso de odio, ataques contra grupos vulnerables y los riesgos en las medidas de seguridad implementadas.  Textualmente señaló “La crisis puede proporcionar un pretexto para adoptar medidas represivas con fines no relacionados, al padecimiento y una oportunidad para el creciente etno-nacionalismo, populismo, autoritarismo y el retroceso en los derechos humanos de algunas naciones”, así como que las medidas de emergencia deben ser legales, proporcionadas, necesarias y no discriminatorias.

 

América Latina, la región más desigual del capitalismo,  aún no ha encontrado su modelo de desarrollo sustentable; sigue dependiendo de sus exportaciones, sujetas a los intereses de las naciones metropolitanas y a las oscilaciones del mercado, sus índices vuelven a resultar preocupantes; hay más necesitados, desempleados y hambrientos,  el crecimiento de la etapa neoliberal no va más allá de la mitad del obtenido con políticas desarrollistas, no tenía deuda al inicio de la postguerra y actualmente es la más alta por habitante, sus indicadores permanecen inferiores a aquellas de los primeros decenios posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

 

Con la instalación de gobiernos progresistas, millones de latinoamericanos salieron de la escasez, pero los que salieron y no lograron incluirse en la clase media, podrían perder lo poco que obtuvieron, en especial donde  han ocurrido golpes parlamentarios y aquellos gobernados por presidentes neoliberales.  El recorte de las políticas sociales actual ha influido en un re empobrecimiento, siendo los más desiguales: Honduras, Colombia, Brasil, Guatemala, Panamá y Chile.

 

En esta coyuntura se hace más pertinente y decisiva la solidaridad y el fortalecimiento de la integración de América Latina y el Caribe, porque de ella depende la supervivencia de su soberanía y por ello, espacios de articulación política e integración como el ALBA y la CELAC, instrumentos fundamentales para defender los procesos progresistas y enfrentar los planes imperiales.  

 

Sus pueblos deben volver a jugar un rol activo hacia esa nación humana que lucha por el fin de las preeminencias y el sojuzgamiento. La paz, la cooperación y colaboración, la reivindicación de la soberanía arrebatada, el rechazo a la colonización económica, política y cultural, la reparación por siglos de vejación, la solución dialogada de controversias y la integración de las diversidades, es el futuro que merecen los seres humanos.

 

Hace siglos que la humanidad contrajo una especie fatal de enfermedad que se llama el capitalismo. Es probable que surja una recomposición del mapa geopolítico donde los más debilitados tengan que ceder su lugar a los que terminen menos dañados, pero sería necesario entender que es el momento de la ciencia y la cooperación, no de ninguna guerra de cualquier tipo.

 

El mundo pos pandemia será de profundización de la decadencia del imperio y de posibilidad de construcción de uno más justo, más solidario, más colaborativo, que avance hacia el socialismo

 

Hasta Pronto

 

Lic. Michael Vázquez Montes de Oca

 

2020

 

 

 

 

 

 

 

Por michaelrogelio - 21 de Junio, 2020, 1:56, Categoría: General
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